La perla del Índico
Ayer creíamos que lo que nos quedaba de día iba a ser tranquilito. No podíamos estar más equivocados, ya que aquí no hay un solo momento para relajarse.
Después de una cena agradable en nuestro apartamento fuimos al bar de enfrente a hacer vida social. Sin ser nada del otro mundo, había más españoles, alemanes, americanos, ingleses y sudafricanos, por lo que sin darnos cuenta, nos dieron las 2 de la mañana y nos cerraron el bar. Sin saber muy bien por qué, decidimos ir a la playa, que no la habíamos visto todavía. Aunque estaba lejos, la temperatura invitaba a ir dando un paseo. Preguntamos a unos policías y nos dijeron que no se nos ocurriera, que había cocodrilos muy peligrosos sueltos en la playa. Es verdad que poco antes habíàmos visto un hipopótamo cruzar una calle del pueblo, pero no nos imaginábamos que los cocodrilos fuesen a estar en la playa, que está relativamente lejos de las lagunas.
Finalmente, y sobretodo después de haber perdido a Xavi, que dijo que iba a atajar para volver al apartamento, decidimos ir a la playa en coche. Recuperamos a Xavi tras dar varias vueltas a la zona donde se había perdido y cuando llegamos a la playa vimos un montón de carteles diciendo que no se alimentase a los cocodrilos. Nos adentramos casi hasta el agua y encendimos las luces. Suerte que no habíamos ido andando, porque se veía clarísimamente como los cocodrilos merodeaban a sus anchas por el agua. Nos quedamos como bobos durante varios minutos viendo los ojos de los cocodrilos moviendose por las aguas del Índico.
Una vez vistos los cocodrilos desde varios lugares, nos fuimos a dormir. Por la mañana cogimos el coche y nos dirigimos a Durban. Por el camino paramos en Richards Bay para ver sus famosas playas.
En Durban nos estaban esperando Alex, Dani y Jordi en una mansión que pasaba la línea del lujo. Una casa con vistas grandiosas a la ciudad y al estadio, con un jardin de ensueño, piscina que por la noche tenía luces de colores, sala de desayuno, otra de televisión, pantallones gigantes en cada habitación y sirvientes personales. Dudo que alguna vez pueda estar en un sitio así, pero les había salido sólo por 100 euros la noche. Estuvimos un rato en el jardín dandonos el gustazo de ser verdaderos señores por unos minutos, pero pronto tuvimos que ir a nuestro apartamento, que aunque está bastante bien, no tiene nada que ver.
Una vez asimilado que a nosotros nos había tocado envidiar a los otros, bajamos a la playa a ver la semifinal entre los Países Bajos y Uruguay. En el Fan Fest de la playa había ya mucho ambiente español. Tras la victoria naranja fuimos con el resto de compatriotas a la zona de Florida Road, donde había varios restaurantes para cenar y sitios de fiesta teñidos clarísimamente de rojo. Todos los españoles estaban allí. Hasta Michael Robinson se pasó a tomar algo.
Escalonadamente volvimos a nuestros respectivos alojamientos, pues nos esperaba un día histórico. España juega unas semifinales en Durban ante Alemania, y ahí vamos a estar nosotros.

