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Luis Aragonés: somos lo que somos por él

Por Teresa Sendín, 1 febrero 2014 1:48 pm
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Para los que somos de finales de los ochenta, Luis Aragonés empezó siendo ese hombre que entrenaba al Atlético de Madrid y que cada vez que se daba una rueda de prensa se inventaba una frase que no tardabas en decirla en tu día a día. Era ese hombre con gafas, de la época, que no paraba de gesticular, de hacer aspavientos, de moverse, de gritar…

Desde un “míreme usted a los ojitos“, pasando por el “bigote de una gamba“, siguiendo con un “culo pelao” para preferir que mejor “máteme, pero no mienta” con el único objetivo de “ganar, ganar, ganar, ganar, ganar y volver a ganar“. Ese era Luis Aragonés, en mil “fregados” se metía y de mil “fregados” salía.

¿Su momento crítico? Seguramente dejar de convocar a Raúl con la selección española; solo él se atrevió a no convocarle en su peor momento. No sabremos si fue un error no volver a llamarle posteriormente; estaba claro que Luis era un hombre que moría con sus ideas fueran correctas o no y se llevara los palos que se llevara. Eran sus ideas, y punto.

Para quienes sólo rondamos el cuarto de siglo, la Eurocopa de 2008 fue nuestra primera Eurocopa; y creo que incluso para los que tuvieran recuerdos de la de 1964 también lo fue, por cómo se ganó, por el ambiente que había, porque por fin todos los planetas se alinearon para crear algo perfecto.

Luis Aragonés fue el creador de un estilo, del que todavía mamamos, con el que todavía ganamos y con el que todavía nos sentimos reflejados. ¿El punto de inflexión? Septiembre de 2006, cuando España perdió por 3-2 en Irlanda del Norte, una derrota que hizo rebosar el vaso y en que se he hizo borrón y cuenta nueva. Luis presento su dimisión, Villar no la aceptó, el equipo y Federación cerraron filas en torno al entrenador, y Aragonés decidió quedarse pero cambiaron muchas cosas.

A partir de ahí todo fue una balsa de aceite en la selección y si había palos y criticas, el único que se permitía “comérselas” era Luis Aragonés. Siempre hizo que los focos se centrarán en él para dejar al equipo tranquilo, sin presión y cocinando algo que degustamos todos en junio de 2008, una Eurocopa a la que le siguió un Mundial y otra Eurocopa (estos triunfos ya con Vicente del Bosque).

No recuerdo a un Aragonés joven, siempre era el abuelo del equipo, sus gafas, sus arrugas… hacían que lo fuera, con sus chascarrillos y manías como todos los abuelos. Pero tenía las cosas claras y sabía lo que hacía. Para mi gusto tardó demasiado en despedirse de los banquillos. Será esa sensación de la que muchos hablan que después de una vida viajando, entrenando, centrado en su trabajo sin parar más de una semana seguida en casa, retirarse y “no tener nada que hacer” era demasiado para un hombre sereno, que cuando pisaba el verde del césped era puro nervio.

Somos lo que somos por él. Seamos lo que seamos nunca nos olvidaremos de él.

Twitter: @TeresaSendin

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