Mundial España 82 (2): La decepcionante actuación de España
Un equipo, el español, que afrontaba su sexta participación en la Copa del Mundo y que, desde el sensacional cuarto puesto en Brasil 50, siempre había caído en la primera fase (Chile 62, Inglaterra 66 y Argentina 78). La Eurocopa del 64, que habíamos ganado en el Bernabéu, también servía en cierto modo como precedente a nuestro favor; pero finalmente no sólo no conseguimos reeditar aquel gran éxito sino que nuestra actuación sería calificada como la más decepcionante de todos los equipos que habían actuado como organizadores en ediciones anteriores. Según testimonios posteriores, la presión pudo con España.
Se le confió el equipo a José Emilio Santamaría, quien formó la base del mismo en torno a la Real Sociedad, reciente bicampeona de Liga. Junto a los Arconada, Perico Alonso, Zamora, López Ufarte o Satrústegui, en la lista estuvieron otros ilustres como Gordillo, Camacho, Juan Gómez “Juanito”, Alexanco, Tendillo, Víctor, Saura o Quini.
Un grupo fácil; un fiasco mundial ante Honduras
El sorteo fue muy amable con la selección, que quedó emparejada en el grupo 5 junto a Honduras, Yugoslavia e Irlanda del Norte, jugando todos sus partidos en el Luis Casanova (Valencia), actualmente Mestalla. Uno de los estadios históricamente “preferidos” de la selección para uno de los grupos más fáciles de todo el campeonato.
Pero las cosas se torcieron desde el primer partido, ante la debutante Honduras. Todos esperaban que España golease sin piedad a los hondureños, pero desde que los jugadores escucharon el himno totalmente descolocados los agoreros y los supersticiosos comenzaron a temerse lo peor.
Y eso fue lo que ocurrió. La Roja no sólo no pudo ganar a su modesto rival, sino que se tuvo que dar con un canto en los dientes por el empate a uno cosechado. El hondureño Zelaya, a los 7 minutos, hizo la pared con un compañero y batió a Arconada en su salida; un gol sorprendente que sólo pudimos igualar en la segunda parte con un penalti sobre Saura que transformó López Ufarte. Fracaso absoluto para comenzar; un fiasco que marcaría el resto del campeonato para España.
Yugoslavia, nuestra única víctima
El segundo partido, ante Yugoslavia, había que ganarlo por lo civil o por lo criminal. Y las cosas volvieron a ponerse feas cuando, a los 10 minutos, Gudelj, absolutamente solo, cabeceó al fondo de la red una falta lateral. Suerte que a España, por una vez y sin que sirviera de precedente (como les “corresponde” a los equipos locales), le echó una inestimable manita el árbitro.

López Ufarte falla el penalti ante Yugoslavia. El árbitro, por fortuna, mandó repetirlo. Foto: captura de imagen
No obstante, el pesimismo retornó en el tercer y último encuentro de la primera fase. España perdió contra Irlanda del Norte por 0-1 gracias a un gol de Armstrong, que aprovechó un error en el despeje de Arconada tras un centro de Hamilton.
Los norirlandeses acabaron como líderes, y nosotros nos salvamos gracias a que Yugoslavia, en La Romareda (Zaragoza), tan sólo pudo vencer a Honduras por 1-0. Pasamos de ronda gracias a haber marcado un gol más que los balcánicos (tres por dos), ya que habíamos igualado con ellos tanto a puntos como en la diferencia general de goles.
Segunda fase: imposible ante Alemania
¿A qué nos condujo eso? A un grupo suicida en la segunda fase, junto a Alemania Federal e Inglaterra, en el Bernabéu (Madrid). El primer partido ante Alemania era a vida o muerte, ya que una derrota dejaba a España automáticamente fuera por el anterior empate germano con Inglaterra (lo que les hacía inalcanzables para el equipo nacional); y eso mismo fue lo que sucedió.
Los alemanes tiraron de oficio y veteranía y nos vencieron por 1-2, gracias a los goles en la segunda parte de Littbarski y Fischer. El bello gol de Zamora, que batió a Schumacher de cabeza por la escuadra, no fue suficiente; y la Roja se despidió de “su” Mundial de una forma realmente decepcionante. El último partido, de trámite para España, se saldó con un 0-0 ante Inglaterra, que hacía que los alemanes se metieran en semifinales ya que los ingleses, para superarles, debían ganarnos por dos goles.
El fracaso de la selección en el Mundial provocó la destitución de José Emilio Santamaría y la llegada de Miguel Muñoz, con quien la afición sí que volvería a recobrar la ilusión por ver competir a la Roja.


¿Quién iba a pensar tras este campeonato que unos años más tarde tenríamos una estrella en la camiseta?
Y tanto… aunque yo también diría que quién iba a pensar que apenas dos años después de aquello íbamos a estar a punto de ganar en Francia una Eurocopa; y que apenas cuatro años después sólo unos malditos penaltis nos iban a privar de jugar la semifinal de un Mundial. El fútbol es así de bonito, de mágico y, en ocasiones, de caprichoso.
una mierda