Santa Lucia
Difícil, muy difícil es asimilar que estamos en unas semifinales de un Mundial. Dicen que cuando alguien de verdad desea una cosa de corazón, algo hace que se cumpla. Yo soy muy agnóstico con estas cosas, pero de momento no tengo motivos para negar que esto sea verdad.
Repitiéndonos varias veces que estábamos en semifinales y que no nos lo creíamos, pedimos un taxi que nos llevara al aeropuerto, donde teníamos reservado un coche. Allí coincidimos con Xavi, que se venía con nosotros a Santa Lucía. Mucho más tarde de lo esperado salimos con 650 kilómetros delante. Creíamos que iban a ser por autovía, pero nada de eso. La carretera era una nacional con muchísimos baches, y obras en muchísimos tramos. Si no nos pararon 20 veces, no nos pararon ninguna. Cada dos por tres, paran a todos los coches que van en un sentido, para que pasen los otros por el tramo en obras. En vez de hacer un tramo, acabarlo y empezar otro, nada, a la vez ponen en obras 15 o 20 tramos, por lo que la caravana de coches es digna de tener en cuenta. Durante varias horas no pudimos pasar de los 50 km/h. Suerte que al pasar un pueblo se quedó muchísima gente, y aunque ya era de noche, el tráfico estaba muchísimo mejor.
Un trayecto que no se nos olvidará nunca. Nos pasaron cosas totalmente surrealistas, imposibles de explicar. A ver como os ponemos en escena si os decimos que en un momento, nos vimos en medio de África, pero sin saber realmente donde estábamos, parados en una carretera rodeados de negros, unos enseñándonos plátanos por la ventanilla para que se los compráramos, otro tocando una vuvuzela, uno en taparrabos dando saltos, otro vestido de mujer con el culo en pompa y otros dos con mono de obrero bailando mientras los tres que estabamos literalmente muertos de risa dentro del coche ante una de las situaciones más surrealistas de nuestras vidas. De verdad, no intentéis entenderlo, porque había que haberlo vivido. Sólo por esto, mereció la pena el viaje por esta carretera tan cutre.
Otro obstáculo con el que no contábamos. Nuestro alojamiento en Santa Lucía solo atendía hasta las 7 de la tarde. Ni de lejos íbamos a llegar a esa hora, por lo que llamamos y nos dijeron que nos buscásemos la vida. Suerte que esto es un lugar turístico y hay un montón de hostales y pequeños resorts en torno a las lagunas. Al final encontramos un apartamento muy coqueto con dos habitaciones, dos baños, salón y cocina por unos 15 euros por cabeza y noche. Mejor imposible. Cenamos ahí mismo, y Xavi y yo fuimos a un bar que había enfrente donde nos encontramos a unos americanos que habían estado la noche anterior en nuestro mismo hostal en Johannesburgo. Si es que el mundo es un pañuelo…
Hoy hemos dormido 12 horas, que no han sido suficientes para recuperarnos del todo, pero que siempre vienen bien. Hemos comido rapidito, y de milagro nos ha dado tiempo a coger el último crucero por las Lagunas de Santa Lucía. El paseo en barco es muy relajado, y los paisajes te recuerdan a los que ves en las películas. Totalmente africano, sobretodo cuando te acercas a los hipopótamos, o a los cocodrilos (hay muchísimos en estas lagunas) o a los pájaros exóticos de estas zonas.
Poco más hemos hecho. Aprovechando que había un supermercado hemos hecho la compra, y esta noche cenamos en casa. Mientras tanto estamos haciendo tiempo, ya que aquí se hace de noche a las 5 o así, pero teniendo en frente un bar bastante animado, no hay ningún problema.

De puta madre… pero estaría muy guay si además añadís una lista con todos los cánticos que cantais en Sudáfrica!!! me enteré que cuando paró el penalti Casillas se cantaba lo de: “eo, eo, eo, Sara Carbonero” jajajaja
Sí sí sí… estamos en la finaaaaaaaaaaaaal!!!!
Sí, o algo así como … ¡Esta noche MeterSaker! xDDDDDD